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63 aniversario del ajusticiamiento del tirano Rafael Leónidas Trujillo

Este jueves 30 de mayo se cumple el 63 aniversario del ajusticiamiento del dictador Rafael L. Trujillo. La trascendencia histórica de ese resonante hecho político amerita que examinemos brevemente cómo estuvo conformada la conjura que culminó con la eliminación física del tirano.

El complot contra el dictador fue numeroso y estuvo estructurado por diversos grupos (uno de acción, otro político y otro militar) que tenían la responsabilidad de articular un plan para ajusticiar al tirano y, acto seguido, poner en marcha la segunda fase de la conjura, consistente en apresar a la familia Trujillo y a sus principales epígonos con el fin de provocar un recambio en la cúpula política y militar del régimen que, al cabo, allanaría el camino para la celebración de elecciones libres.

Dentro de la conjura el llamado «grupo de acción o de la avenida» era el responsable de la eliminación física del tirano. Los líderes de la conspiración sabían que cada miércoles Trujillo solía viajar a su pueblo natal, acompañado solo por su chofer y sin el acostumbrado dispositivo de seguridad.

Automóvil en que viajaba Rafael L. Trujillo, tiroteado en la hoy avenida 30 de Mayo

Sobre la base de ese dato planificaron que la delicada y arriesgada emboscada tendría lugar a mediados de semana. Sin embargo, quiso el destino que tal acontecimiento sucediera un martes, y no un miércoles, como estaba planificado. Y esa fortuita circunstancia provocó que por lo menos tres de los miembros originales del grupo de acción se vieron imposibilitados de participar en el tiranicidio.

Los responsables de transmitir la información al núcleo central de la conjura eran, por el grupo de acción, el teniente Amado García Guerrero, quien pertenecía al Cuerpo de Ayudantes Militares de Trujillo, y, por el grupo político, Miguel Ángel Báez Díaz, quien tenía acceso directo al privilegiado círculo que acompañaba al jefe en sus frecuentes paseos nocturnos por la avenida George Washington.

Los hechos

El grupo de acción que iría a la avenida, según Antonio García Vásquez, estaba conformado por nueve personas distribuidas en tres vehículos; pero, en vista de que fue necesario actuar con inusitada precipitación antes del día previsto, sólo siete de los conjurados se encontraban disponibles en la capital, quienes, la noche del tiranicidio, se desplazaron en tres vehículos distribuidos en forma desequilibrada. Ellos fueron: Antonio de la Maza, Antonio Imbert Barrera, Salvador Estrella Sadhalá, Amado García Guerrero, Pedro Livio Cedeño, Huáscar Tejeda Pimentel y Roberto Pastoriza Neret.

Durante el mes de mayo, los conjurados intentaron llevar a cabo la emboscada los días 17, 24 y 25, respectivamente. En la primera oportunidad, Trujillo alteró su costumbre y tomó una ruta distinta a la habitual; en la segunda ocasión, sencillamente pospuso el viaje debido a una ligera afección gripal; y, en la tercera, decidió viajar a San Cristóbal en la mañana, siendo necesario que los conjurados postergaran su angustiante «cita» con el llamado Benefactor de la Patria Nueva, de quien se dice que había decidido postularse para presidente de la República en las elecciones generales de 1962.

Pero el azar jugó su carta y el martes 30 de mayo de 1961 Trujillo fue abatido a tiros en las afueras de la capital dominicana, mientras «los hombres de la avenida» y sus compañeros de conjura entraban a la gloria por la puerta grande de la historia.

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